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Antonio López: Alquimista del tiempo
Terraza de Lucio (1962-90)
La Gran Vía (1974-81)
Hombre y mujer (1968-94)Uno de los grandes de la pintura contemporánea, Luis Gordillo, dice que Antonio López lo que pretende es apoderarse del tiempo y meterlo en sus cuadros. Esa es la sensación que se tiene cuando te sitúas delante de cualquiera de sus obras, una sensación de que en ese lienzo, en esa superficie plana coloreada está metido el tiempo, un tiempo que ya no se mide en segundos, minutos, horas, días, años, sino que como en una ecuación espacio-temporal, tiene sus propias unidades que están también relacionadas con el espacio y la luz. Como en la Teoría de la relatividad, el tiempo, el espacio y la luz forman un todo, un continuo espaciotemporal con el espectador como protagonista y el pintor como alquimista del tiempo.
La exposición de la obra de Antonio López que se puede ver en el Museo Thyssen- Bornemisza de Madrid, es uno de los hitos del panorama cultural europeo de este año. Es una mirada a buena parte de la obra de López, incluyendo cuadros de su juventud, que con un estilo onírico y pincelada terrosa, que difiere de la obra actual y más conocida, pero que ya apunta casi todos los mensajes que luego iba a desarrollar a lo largo de su vida.
Ningún cuadro de Antonio López se puede decir, a juicio del artista, que esté terminado. El pintor los abandona durante un tiempo e incluso los vende, pero luego puede volver a esa obra al cabo de los años, como por ejemplo en la obra Terraza de Lucio, una obra de 1962 pintada en la terraza de la casa de su amigo y pintor Lucio Muñoz, que al cabo de los años (1990) vuelve a retomar, habla con los nuevos inquilinos de la casa y completa, transforma en otra obra igual y diferente, añadiendo nuevos trozos de lienzo e incluyendo el pulso de la ciudad.
Algo similar hizo con las esculturas de hombre y mujer, ante las cuales se produce un silencio respetuoso, como si estuvieras contemplando la esencia del género humano. Estas obras las vendió a una galería norteamericana en 1968 y las volvió a pedir después de muchos años (1994), para modificarlas y mejorarlas, lo que solo hizo con la imagen del hombre, que te logra transmitir la dignidad al tiempo que la soledad de todos los hombres.
Para Antonio López todo parte del dibujo y el dibujo cobra con López toda la dimensión de los grandes de la pintura, de los Velázquez, Miguel Angel o Durero. El dibujo es un género mayor, una disección meticulosa y rigurosa que radiografía la obra, al tiempo que la ordena y la respeta, porque una de las obsesiones de López es respetar el objeto, que está por encima de la representación.
Retratos de su familia, sus hijos, sus nietos, unos proyectos inacabados con los que trata de congelar el tiempo, tiempo que sale de los ojos del retrato de su hija, cuando era niña en 1972 con un abrigo abrochado que mira atónita y que transmite una España en blanco y negro al tiempo que la inocencia de todos los niños.
Naturalezas muertas, Madrid, la Gran Vía, una nevera inverosímil que, a pesar de estar abierta, congela los alimentos y los transporta a otra dimensión alumbrada por una luz difusa que sale de dentro, un retrete, la bañera con una mujer desnuda tomando un baño (1968) que nos produce una profunda desazón, el conejo desollado, del que decía su hija que veía ir cambiando de color según Antonio lo iba congelando y sacándolo al día siguiente para aprehender su esencia, esas calabazas delineadas en las que algunas líneas bastan para llenar el espacio, los membrillos de Erice y más.
No se la pierdan.
4 mujeres (1957)
Carmencita jugando (1959-60)
Antonio y Mari (1967-68)
Calabazas (1994-95)
Conejo desollado
Gran Vía (2011)
Madrid desde Capitán Haya (1987-96)
Madrid desde Torres Blancas (1974-82)
Mari y Antonio
María 1972
Membrillero 1961
Mujer en la bañera 1968
Nevera nueva (1991-94)
Taza del water y ventana (1968-71)
Rosas de Avila
Todas las fotos son de la página del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid
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