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Carta abierta al Tribunal Supremo
Mi formación no llega a saber cómo tengo que dirigirme a los integrantes de ese tribunal, si debería llamarlos Excelentísimos, Ilustrísimos o Exquisitos, por la forma que tienen de entender la justicia, esa señora con los ojos cerrados y una báscula, que Uds. tienen que hacer se equilibre equitativamente entre el delito y el castigo.
Excelentísimos, Ilustrísimos o Exquisitos jueces, la observación de ese “vacío legislativo” al que se acogen para reingresar en la carrera judicial a quien, aprovechando su impunidad de juez, se embolsó 73.800 míseros euros por “hacerle un favorcillo” a un pobre hombre que cumple condena por llevarse del Ayuntamiento de Marbella unas centenas de millones.
Nosotros, individuos o sujetos de la clase proletaria, aún no hemos desarrollado nuestras capacidades cognoscitivas, por ello, de forma sumisa les pedimos que deberían hacérnoslo entender con una sencilla disertación de lo que significa la palabreja “vacío legislativo”, para que, haciendo uso de ella, también tengamos derecho de pernada.
“Vacío legislativo”, quiero entender que esta palabreja pesa lo mismo que los 73.800 euros que pusieron en la báscula, y con ello ha quedado perfectamente equilibrada. Mi corto entender me dice que esa báscula falla más que la escopeta de feria del tío Amador, que, apuntando al muñeco, el balín se empotraba en el techo.
Uds. Excelentísimos, Ilustrísimos o Exquisitos jueces del Tribunal Supremo, entenderán que, con semejante juez rehabilitado, quien se encuentre por él juzgado, le dé la risa y sea difícil juzgarle entre jolgorio y carcajeo, pensando que el delito que este enjuiciador le imputa es por desacato, es decir, por no hacerle ni … caso, al conocer el historial del magistrado, que aún no ha terminado, quedándole otra causa por los 60.000 euros que, según cuenta, le metió un ladrón que huía de la policía, y que el pobre se encontró en sus bolsillos de forma casual o causal, aunque da lo mismo si el Tribunal de los Supremos encuentra otra vez el “vacío legislativo” que tiene en las vitrinas de la calle de Las Salesas, lo que capacitaría de nuevo al juez Urquía para impartir justicia.
Excelentísimos, Ilustrísimos o Exquisitos doctores de la ley, al parecer la señora Endogamia anda por los salones de Las Salesas, con cotilleos de las familias que allí habitan, haciendo todo tipo de comentarios y razonamientos, que en nada facilitan sus transcendentales decisiones sobre cómo manejar la báscula y colocar la venda a la señora llamada Ley. Esta señora se alimenta gracias a las aportaciones impuestas a los ciudadanos, y por esta señora están ustedes amamantados, no permitan que enferme más, su vida es vital para poder convivir en paz.
A. Sobral
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Sin pelos en la lengua, diciendo lo que nadie se atreve ha decir, como siempre en la diana.
Gracias por decir lo que otros no se atreven.
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