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La crisis sostenida
Fotografía de J.Mª ArrizabalagaLa palabreja, pronunciada a más no poder, resulta hoy el meollo del país en todos y cada uno de sus numerosos aspectos. Es la lente de aumento de las dificultades de la vida cotidiana, en la cual observamos el virus de la infección y los anticuerpos que se envían en formación de batalla para contrarrestarla. Es, también, el síntoma inequívoco de que algo debe cambiar, aunque se sepa qué y se tema decirlo. Y no aludo al Gobierno, que hace lo que puede; como lo haría el que pudo haber sido y no fue, que tampoco tendría la varita mágica de Harry Potter. Me refiero al sistema creado a imagen y semejanza del capital financiero. ¿Vale?
Hoy se ven efectos que antes era invisibles porque nos tenían comprados por cuatro perras. Pero ahora, mientras la bolsa de valores se desliza por una montaña rusa y las estadísticas del trabajo andan por las nubes, es el momento de reflexionar; aunque en el caso de Béjar habría que decir que ha despertado después que pasaron las burras de la leche, según el decir autóctono.
No hay misterio. Béjar está en una profunda crisis desde hace varios años, para no decir muchos. Y es tal la desproporción de la crisis bejarana con respecto a la española, que si estamos mal en general, peor estamos en particular. Para afirmar esto no hay que ser erudito, sólo trabajador. Es algo obvio, a pesar de que la antimateria de la política necesite complicarlo cada vez más.
Pero, lo verdaderamente grave es que esos altos índices de trabajadores en paro no coinciden con el período reconocible de la crisis, pues han sido sostenidos, casi inalterables, desde hace años. Dicho de otro modo, si el desempleo sirve de patrón para medir la crisis, ¿con qué patrón se ha estado midiendo la decadencia de Béjar?
La ciudad, si todavía lo es, padece de una larga y penosa enfermedad. No es la palabreja actual lo que la tiene al filo del abismo o cayendo abismo abajo. Las recetas de reanimación económica que se prescriban para España serían insuficientes en Béjar, que necesitaría otros tratamientos de choque.
Sin la pretensión de ir a dar al agujero negro de la historia, lo que algunos conocen como el “culo del mundo” y sin detenernos en burbujas inmobiliarias, capitales sobrevalorados, Ibex 35 y un largo etcétera regido por los Tíos de la Pasta, la cuestión en Béjar se resume en el título de una novela de William Faulkner. “Mientras agonizo”.
Esa agonía ha sido fotografiada mensualmente por el INEM en las estadísticas laborales. Grande es la sorpresa cuando entras en ellas y encuentras que los registros de desempleo de Béjar son más preocupantes, relativamente, que los anunciados, día a día, hora tras hora, por los medios de comunicación. Pero, lo verdaderamente grave es que esos altos índices de trabajadores en paro no coinciden con el período reconocible de la crisis, pues han sido sostenidos, casi inalterables, desde hace años. Dicho de otro modo, si el desempleo sirve de patrón para medir la crisis, ¿con qué patrón se ha estado midiendo la decadencia de Béjar?
Para no aburrir, porque esto es simple, quiero ofreceros una selección de preguntas y sus respetivas respuestas. Y que cada cual conforme su propio juicio.
¿Sabéis cuántos desempleados había en Béjar en una fecha fuera del umbral de la crisis como enero de 2006? Eran 1,278.
¿Y en otra más próxima al inicio reconocible de la crisis como enero de 2007? Un total de 1,225. Cincuenta y tres parados menos.
¿Cuántos inscritos en el paro creéis que teníamos en octubre de 2008, ya dentro del marco de la palabreja? Nada más y nada menos que 1, 236, cifra que representa —increíble pero cierto— cuarenta y dos parados menos que en enero de 2006. Sin embargo, en diciembre de 2008 ya había inscritos 1368 trabajadores.
Estos datos superficiales tienen la capacidad de darnos a entender que la crisis de nuestro patio es particular, que llueve desde hace mucho y se moja más que los demás. Tomemos en cuenta que estamos hablando de una población total de sólo 15,110 personas.
Desgraciadamente, no dispongo del dato de la población laboralmente activa de Béjar para traducir esas cifras del paro al por ciento de desempleo de los últimos tres años, lo que daría un referencia clara de la crisis sostenida de que hablamos; pero la matemática más simple nos indica que será un número de vida o muerte, al que se le ha estado pasando por encima.
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