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Crónicas Hipano-Cubanas: Narciso López y la bandera de una anexión a la tejana
General Narciso López
La bandera de Narciso LópezNarciso López no era español en el sentido más directo de la palabra. Nació en Caracas en 1789, hijo de padres vascos. Durante el proceso de emancipación de la América Hispana sirvió en el ejército español. En la Batalla de Carabobo dirigió un regimiento élite. Estuvo en la Batalla naval del Lago Maracaibo, que determinó la independencia de Venezuela y fue a dar a Cuba con los restos del Ejército español.
Pasó cuatro años en La Habana sin nada concreto que hacer y como frecuentaba los círculos criollos cubanos, que procuraban la autonomía de la Isla, fue considerado por muchos como un espía de la Corona. El hecho es que termina partiendo para España y no deja de frecuentarlos, hasta que su participación en la Guerra Carlista lo lleva al grado de brigadier en 1836. Tres años más tarde fue nombrado Gobernador de Valencia (una especie de Camps sin trajes de regalo) y subió como la espuma. Un año más tarde era el Gobernador Militar de Madrid y representante en las Cortes por Sevilla.
Narciso López parecía tener un destino luminoso. Cuando Jerónimo Valdés fue nombrado Capitán General de Cuba, López fue su brazo derecho. En la Isla se le asignó el mando de las dos provincias económicamente más potentes tras La Habana: Matanzas y Trinidad, el emporio del azúcar cubano. También, y no sin ciertas sospechas de los malpensados que le habían calificado de espía de la metrópoli colonial, fue nombrado por el Capitán General como Presidente de la Comisión Militar, que debió ser el equivalente decimonónico del actual CNI.
Un buen día de 1843, producto de las contradicciones políticas en la Península, Gerónimo Valdés amaneció sustituido por el general Leopoldo O’Donnell. Y Narciso López con él. Cuentan las malas lenguas que en Cuba se fraguaba un gran conspiración orquestada por los ingleses para destruir el poder de España en la Isla liquidando la industria azucarera por medio de grandes sublevaciones de esclavos. Se suponía que el Presidente de la Comisión Militar hubiese tenido la reacción que no tuvo. ¡Y al paro!
Entonces, el general López, que era todo un espectáculo desfilando con sus lanceros a caballo por el Paseo de Isabel II de La Habana y un tipo alto y buen mozo con muchas causas pendientes con los maridos habaneros, volvió a frecuentar los grupos criollos de los autonomistas y a conspirar… contra España, lo que nadie sabía era con quién. Hasta que O’Donnell lo tuvo en la mira y el Narciso tuvo que escapar con nocturnidad y alevosía para recibir la protección directa del Gobernador de Mississippi.
Apoyado por políticos sureños partidarios de la esclavitud y de la incorporación de Cuba a los estados esclavistas de la Unión, Narciso López y sus seguidores cubanos llegaron incluso a la Casa Blanca, donde propusieron al presidente James Knox Polk la compra de Cuba a España por 140 millones de dólares, pero a la gestión se le dio marcha atrás, porque chocaba con los intereses políticos sureños que patrocinaban a Narciso López.
Y para no cansar, el ex general preparó su propia expedición. En julio de 1849, Narciso López organizó su expedición de liberación desde Round Island, Nueva Orleans. En ella participaban algunos veteranos norteamericanos de la guerra contra México. Otros iban por la oferta de 1.000 dólares y 64 hectáreas de Cuba que se les habría hecho efectivas en caso de tener éxito. López ofreció el mando al político sudista Jefferson Davis, quien recomendó al coronel Robert E. Lee por 200.000 dólares. Lee rehusó ante la oposición del gobierno de Washington de romper el Tratado de Neutralidad con España de 1818 y consecuentemente, López decidió asumir personalmente la jefatura de la expedición.
General LeeSólo para puntualizar, ese Robert E. Lee fue el mismo Comandante en Jefe de las tropas sureñas durante la Guerra de Secesión algo más de una década después. Y para que vean que nada está escrito, una avenida de La Habana lleva su nombre; aunque para contradicciones, la que sigue.
Para su expedición, López y sus seguidores necesitaban una bandera. Un grupo de intelectuales cubanos, quienes llegaron a preferir ser un estrella de Norteamérica que una posesión española, se la confeccionaron, siguiendo el patrón de colores y estrellas de la bandera de la Unión. La expedición, de 600 hombres, desembarcó por fin en la ciudad de Cárdenas el 9 de mayo de 1850. Pero aquellos cowboys estaban acostumbrados a otro tipo de guerra y pusieron los pies en polvorosa.
Las autoridades españolas ocuparon la bandera, que, por esas cosas que no se explican, sigue siendo la bandera de Cuba y que pasó de bandera de la anexión a bandera de las guerras de independencia.
A Narciso ya le quedaba poco. Al año siguiente volvió a desembarcar con 400 soldados de fortuna dispuestos a declarar un espacio de la Isla como República Independiente y solicitar la anexión a Estados Unidos. El general López fue apresado y ejecutado públicamente en el garrote vil en la Explanada de la Fortaleza de la Punta el día 1ro de septiembre de 1851.
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