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D. Pedro Dorado Montero (I). Años de formación
Pedro Dorado MonteroPedro Dorado Montero (en la página web de la Universidad de Barcelona sobre Historia del Pensamiento Criminológico figura como Pedro García Dorado y Montero) fue un jurista y criminalista que desempeñó la cátedra de Derecho Político y Administrativo en Granada y la de Derecho Penal en Salamanca.
Don Pedro nació en Navacarros el 19 de mayo de 1861 en el seno de una familia campesina. Debido a la necesidad de ingresos que tenían sus padres, su intención era que Pedro se dedicase también a las tareas agrícolas; pero a los cuatro años tuvo un accidente en el que perdió el brazo derecho y casi una de las piernas. En un trabajo escrito por F. A. Lapuente de la Memphis State University sobre Unamuno y la iglesia católica, este autor cuenta que Pedro había perdido su mano porque, estando en su cuna, un cerdo se la devoró.
Este hecho terrible tuvo una parte buena porque los padres, al considerar que era ya inútil para las faenas del campo, decidieron enviarlo a la escuela. Consiguieron una plaza en un colegio de Béjar, al que Pedro llegaba andando, recorriendo “la legua y media que separa Béjar de su pueblo natal” todos los días, ya que como dice su cronista Santiago Valentí “asistió puntualmente a la escuela hasta terminar la segunda enseñanza”. En 1873 sucedió la revuelta cantonal, adhiriéndose Béjar a ella el 22 de julio. Es de suponer que Pedro Dorado, ya con doce años, debió ser testigo consciente de todo lo que sucedió en nuestra villa durante esos meses. Cuando acabó la secundaria, se fue a Salamanca para cursar dos carreras: Derecho y Filosofía y Letras, y después de terminar ambas licenciaturas en esta ciudad, se trasladó a la Universidad Central de Madrid para doctorarse en Jurisprudencia, titulación que obtuvo en 1883.
Pedro Dorado debió ser un doctorando excepcional porque (retomo las palabras del cronista antes citado) “por su admirable conducta académica, el rector de la Universidad Central le concedió una pensión para que pudiese ingresar en el Colegio Español de San Clemente, de Bolonia dos años, de 1885 a 1887, y le fue provechosísima, pues se inició en los estudios filosóficos, jurídicos y sociales”. Estos años italianos coincidieron con la etapa de florecimiento de la escuela positivista a la que Dorado estudió, publicando un trabajo en 1891 que llevaba por título: El positivismo en la ciencia jurídica y social italiana. Este libro junto con La Antropología criminal en Italia, aparecido un año antes, fueron las primeras publicaciones que realizó.
De una forma muy esquemática, diremos que la Filosofía Positivista únicamente considera las realidades apreciables por nuestro organismo, sólo admite como válidos científicamente los conocimientos que proceden de la experiencia, rechazando todo concepto universal y absoluto. Sus principios fundamentales pueden sintetizarse en:
a) el rechazo de la metafísica y de toda proposición no vinculada con hechos constatados.
b) el rechazo de los juicios de valor en cuanto que no se apoyan en certezas y en leyes científicas.
c) la aceptación del empirismo como único medio de llevar a cabo observaciones sistemáticas y ciertas, para deducir conclusiones válidas.
d) el fenomenalismo, que sólo acepta la experiencia obtenida por la observación de los fenómenos.
Los positivistas, en al campo del Derecho, niegan la existencia del derecho natural porque creen que los principios generales del Derecho no surgen de la naturaleza. Con el convencimiento de que sólo son válidas las experiencias que vienen de la realidad y las leyes científicas, piensan que el Derecho se sustrae a todo enfoque ético y se debe entender sólo como un “presupuesto lógico”. Defienden que el juicio es un proceso mental por el cual se afirma la realidad de una cosa o relación jurídica, que se expresa mediante una proposición la cual es susceptible de ser declarada verdadera o falsa. El Derecho no se debe centrar en el contenido de la acción, sea justa o injusta, ni en su finalidad; sólo debe asegurar un razonamiento coherente, prescindiendo del contenido. Los positivistas creen que el Derecho debía ser también el que estableciese las condiciones y el modo en que la fuerza tiene que ser empleada en la sociedad. Es decir, postulaban que debía existir un monopolio de la fuerza ejercido por la comunidad jurídica.
Durante los años que estuvo en Madrid, Pedro Dorado conoció y entabló amistad con Francisco Giner de los Ríos, que ya había fundado su "Institución Libre de Enseñanza”. Según Valentí: “Don Francisco concedió al elemento ético importancia capitalísima, considerándolo superior a la fuerza externa y coactiva del Derecho como regulador de la vida social. De ahí que pusiera gran empeño en infundir a sus alumnos la rectitud en el propósito, el amor desinteresado a la investigación y el deseo de coordinar el pensamiento con la actuación”.
Como vemos, Don Francisco pensaba respecto a la ética lo contrario de lo que defendían los positivistas. Pues bien, según la nota biográfica que le dedica el Congreso Universitario de Alumnos de Derecho Penal de la Universidad de Salamanca a Pedro Dorado, “fue esta doble y bien dispar influencia (Giner y los Positivistas italianos) la que configuró la penalogía doradiana”.
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Estimada Ana Verdejo:
Ante todo, me alegro que hayas pensado en Pedro Dorado Montero para este apartado de bejar.biz. Creo que fue un casi paisano que se lo merece, y espero haberle hecho justicia en los cuatro artículos que he publicado sobre él en Béjar en Madrid los días 29 de septiembre, 6, 13 y 20 de octubre pasado.
Respecto a lo del accidente de que hablas, yo no estoy de acuerdo con la versión Lapuente. En efecto, cuando me estaba documentando para escribir los artículos leí diferentes versiones y, en Navacarros, oí contar a varias personas otras más, pero la tradición oral no daba crédito a lo del cerdo.
La versión que más me convenció fue la siguiente: Detrás de su casa, y entre ésta y lo que eran las escuelas (hoy bar), hay una pequeña explanada que entonces era de tierra, y con una ligera pendiente. Allí se acotumbraban a aparcabar los carros de labor, calzándolos con piedras. Los niños acostumbraban a jugar subiéndose a estos carros y, al parecer, se desplazó el calzo de uno de ellos y el carro se puso en movimiento accidentalmente, atropellando al pequeño Pedro que estaba jugando debajo, dejándole las secuelas que citas(casi manco de la mano derecha y cojo).
Por cierto, Dorado era de carácter retraído y se relacionaba poco con la gente (me refiero a las relaciones personales, no a las escritas), pero la gente le respetaba mucho. Para ello sólo basta con ver las bellas palabras pronunciadas por Unamuno en el entierro civil de Dorado, de las que hago mención en mis dos últimos artículos sobre el tema. Si no las tienes, las puedo aportar.
Un cordial saludo,
Javier R. Sánchez
Profesor de la ETSII (Béjar)
Estimado Javier:
Muchísimas gracias por el comentario y la aclaración que aportas. La verdad es que no me decidí a escribir lo del "cerdo" hasta el último momento, porque me parecía un tremendismo de tono casi amarillo que no se merecía Pedro Dorado, así que me alegra saber que lo más probable es que no sea cierto. En cuanto a que era apreciado a pesar de su carácter cerrado, lo comento en la parte II que saldrá la semana que viene. Siento no haber leído los artículos que has escritos en el Béjar en Madrid y desde aquí recomiendo a los interesados que lo hagan (yo lo voy a hacer). En esa línea, si te parece oportuno, te brindo esta página para que añadas no sólo las palabras de Unamuno, sino todo lo que te parezca conveniente a la información que aporto sobre Pedro Dorado. Ya que estamos, en la sección "Bejaranos", me encantaría que se supiera algo más de sus años en Béjar, como a qué colegio fue, dónde estaba, qué tipo de educación impartían, compañeros, etc.
Saludos y gracias de nuevo.
Ana Verdejo
Gracias por tus palabras Ana. Y una disculpa: se me pasó el (I) que habías puesto en tu artículo, si no, no habría dicho nada hasta que no hubieras terminado de escribir sobre Dorado.
Aunque lo importante es que, casi al mismo tiempo, se nos haya ocurrido a los dos de forma totalmente independiente (aclaro para los lectores que no nos conocemos) escribir en distintos medios sobre la figura de este eminente penalista (y notable filósofo), que ha sufrido años de injusto silencio.
Si te parece, cuando termines de escribir sobre él, veré si puedo aportar algo más para complementar tus escritos.
Ah, sigo tus artículos y me alegro de compartir afición contigo. Rescatar del olvido a personajes que, en mayor o menor grado, han contribuido a construir el día a día de esta pequeña y muchas veces desagradecida ciudad, es algo que creo que merece la pena.
Te animo a seguir en esa línea.
Saludos,
Javier
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