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Desguaces Beni
El cartel decía con letras moribundas “Desguaces Beni”, qué puedo encontrar en un lugar que parece sacado de una película post apocalíptica. Paso el umbral como el que entra en un cementerio, con el respeto que se les tiene a quienes descansan. Los coches se amontonan a mi alrededor, unos encima de otros, olvidados en sus nichos. Me pregunto qué historia tendrán, a quién habrán pertenecido, qué momentos guardarán en su memoria de hojalata.
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Ando por pasillos eternos, laberintos de chapa oxidada en espejo sin fin. Ahora ya da igual si eran caros o baratos, da igual si tenían unas prestaciones u otras, el desguace los iguala a todos. Qué ironía, pienso, se parecen al ser humano. Me vienen a la cabeza las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, la vida es como un río que va a dar a la mar, y en este caso la vida es como un río que siempre desemboca en los desguaces Beni.
Me enciendo un cigarrillo y sonrío.
Primer pasillo:
SA - 4984-T
Oigo cómo juegan. La infancia es un reducto de felicidad e inocencia al que volvemos para sentirnos seguros. Aquel mundo de piratas y corsarios siempre está abierto para nosotros, como si estuvieran esperando al niño que creció con la esperanza de que un día vuelva a abrir el arcón y todo vuelva a ser tan mágico como siempre. Los recreos, los partidos, los insectos, los pantalones cortos, los pechos inmensos de la quiosquera, los cómics de Roberto Alcázar y Pedrín, el chocolate, los amigos, las peleas, los curas, el temible burlón, los primos, el olor a gasolina, los huevos fritos, mamá, recuerdo cerrar los ojos y ver a mamá.
SA - 8453-T
La pelota se queda sola, es mi oportunidad de marcar gol. Aprieto los puños y corro. Pienso en la sonrisa de mis compañeros de equipo, en cómo recordarán durante semanas el chut que nos dio el gol de la victoria. Soy Gento, Puskas, Kopa, Molowny, soy Distéfano. Soy puro nervio y concentración. Se para el tiempo. Cargo mi pierna y a mi alrededor no existe nada más. Unos segundos en los que noto cómo mi corazón bombea como si fuera un acorazado. En ese momento suena un pitido. Es el final del recreo, tenemos que volver a las aulas. Tendré que dejar mi momento de gloria para otro día, los salesianos no entienden de estas cosas.
SA - 2600-M
¿Cómo funciona el mundo? ¿Qué fuerzas extrañas y desconocidas actúan frente a nuestros ojos? La gota cayendo sobre la hoja, el viento estanco moviendo un alfiler imantado, las pelotas que botan y caen. ¡El funcionamiento del mundo! Un día leí cómo Arthur Conan Doyle preguntó intrigado al ilusionista Harry Houdini cuál era el secreto de uno de sus trucos, Houdini miró a los ojos al viejo escritor y le contestó con un marcado acento húngaro: “No es un truco señor, sólo es física”.
CO - 1552-E
Al pisar las baldosas del paseo de la laboral me siento adulto por primera vez en mi vida. Lejos queda el Castañar, lejos los olores de la calle Mayor, lejos queda todo, lejos. Ante mí se levanta este colosal lugar, me parece que cada vez se hace más grande y yo más pequeño. Me siento crecer y a mi alrededor los compañeros tampoco son ya niños. Queda demostrarme a mí mismo que ya soy mayor, aunque por las noches me olvide de todo leyendo algún tebeo de contrabando. Fuera no se escucha nada, solo el profundo silencio del campo de Córdoba.
M - 4490-L
Las cosas cambian, veloces, en rededor mío. Ya no da tanto miedo decir lo que uno piensa. Lo que ayer parecía piedra hoy es barro entre mis dedos. Es tiempo de correr hacia adelante, con determinación y la cabeza alta. Los pasos tiemblan menos que antaño, ya no tienen miedo a ser descubiertos, los pasos ya no suenan solos. Germinan canciones en gargantas antes calladas, al vent, sin ira libertad,… y bajo el brazo se siente impaciente la náusea de Sartre. Me siento vivo.
SA - 3581-O
Palpitación, sudor frío, temblores irracionales, respiración alterada, presión en pecho y barriga, humidificación de axilas, tensión en nuca y cuello, estado físico-químico de demencia, presión arterial sistólica en aumento, liberación de grasas y azúcares que incomprensiblemente aumentan la capacidad muscular, constricción, dilatación, secreción... ¡Mierda! Erección. Tenía razón Antífanes, autor de comedias griego, hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado.
SA - 6924-T
El camino sale de la segunda plataforma. Delante, mis amigos forman una cadena ruidosa y alegre que parece seducir a la montaña. Serpenteamos hasta dejar unas grandes piedras a nuestro lado. Me subo a ellas y veo Béjar a lo lejos. ¡Qué suerte tiene la montaña que puede ver esta estampa todos los días! El susurro del agua nos indica que llegamos al Travieso y a partir de ahí la montaña nos desliza hasta el Calvitero, donde antes de que me dé cuenta siento el olor de unas migas atrapándome inexorablemente. Desde ahí se da vista a las lagunas como quien ve las Meninas por primera vez, anonadado. Aun no siendo del todo correcto, grito, a este lado Europa y enfrente Estambul, cual pirata de Espronceda. De este punto sólo nos queda bajar y bajar siguiendo el sendero, y entonces, escondido para el mundo detrás de unos peñascos, se encuentra el edén, nuestro edén.
Segundo pasillo:
La primera camioneta del mundo
El primer vehículo a motor de mi vida debió ser aquella furgoneta en la que subíamos toda la familia hasta el alto del puerto para pasar algunos domingos de verano. Una furgoneta o más bien una camioneta con la caja abierta detrás, de las de siempre, de las de cargar enseres o personas o ambas cosas a la vez, y no alcanzo a recordar -ni a comprender- cómo nos las arreglábamos para ir allí, si de pie o sentados, entre sacos o colchonetas, agarrados los unos a los otros, con algún mayor sin duda vigilando a la recua revoltosa. De aquel tiempo ha quedado flotando en el aire un olor a heno que me ha perseguido toda la vida, calentándome el corazón, y también esa foto de los cinco en fila en un plano inclinado perfecto que se cruzó para siempre con la pendiente contraria del prado recortada en la distancia.
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La DKW
Una DKW, furgón cerrado, primicia alemana en un país que comienza a levantar la cabeza, todos, siempre tantos, apretados, alegres, juntos, cantando hacia Santa Bárbara, con las grandes cámaras hinchadas dentro, para echarlas luego a la piscina de los curas de hache, el waterpolo, las candelas de los castaños, padre en la manta, madre repartiendo la tortilla.
SA - 6293, de ésta me acuerdo
Un Seat 1.400, A o quizá B, de los primeros, con las siglas SP abajo a la derecha, el coche de tío jota, o de los primos, para ser preciso. No sé qué pasó, pero no me llevaron a Fuengirola, y tenía que haber ido yo. Veo el coche cargado hasta los topes y a te y eme asomados a la ventanilla, insensibles a mi desgracia, alborozados ante la aventura que para ellos comienza. Me contaron luego que se marearon y vomitaron en Despeñaperros o más abajo, tuvieron su merecido.
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El Seiscientos del primer viaje al norte
Hay impresiones que perduran para siempre, ventanas que una vez abiertas nunca se cierran. Cuando íbamos por los verdes campos de Asturias y, de repente, apareció el mar a lo lejos, inmenso, llenando el horizonte, como un límite imposible, supe que había alcanzado una meta de la que ya no podría regresar: un mundo ancho y libre con mil y más senderos por recorrer. En Lastres las tabernas rebosaban de alegría.
Port Manech, Bretagne, France
Fui a París, rue Tournefort, donde eme, y acabamos, de algún modo, como por milagro, aquí, en la Bretaña, pensando. Cómo llegamos, quién lo sabe. Cómo y cuándo nos fuimos, quién lo sabe. Una casa-barco entarimada y un váter químico en algún lugar inaccesible. Karl Marx en la playa. El presente dulce, bien mascado. Oh cielos.
Con Nemesio en La Laguna de la isla
Me acuerdo bien del color y del salpicadero. ¿Pero era un Peugeot o un Morris? Y además, no entiendo en modo alguno por qué los aviones se mantienen en el aire. Estoy aquí, trincado en la isla afortunada, y cada vez que tengo que subirme a un cacharro metálico de esos, me pongo muy malito. Fenómeno de sustentación, principio de Bernouilli... Y una leche. Prefiero, con mucho, el equilibrio elegante de Nemesio, un punto precario, hay que reconocerlo, pero inquebrantable, seguro como un abrazo. Da gusto escucharle el tartamudeo de los pistones oxidados camino del Teide o el chirrido de los frenos, pie directo sobre el disco se diría, en las cuestas de Tacoronte. Hay que recomponer los principios de la física y rebajarles al menos un grado de indeterminación. Con tanta incertidumbre lo más normal es estrellarse. Creo que voy a comprarme un baúl de mago y quizá me dedique a hacer bolos por los pueblos, perorando sobre lo más inexplicable: del perplusismo como estado de gracia y lo que venga.
La ecuación de la vida, por el momento
Siendo n la serie del tiempo insondable.![]()
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En realidad, la realidad suele ser diferente a todo lo demás.
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