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Días de domingo
Plaza MayorLa ciudad sigue sintiendo los fines de semana. ¿Con qué latidos? Tendemos a ordenar todo con algunos referentes mostrencos, de esos que nos dan en mano los medios. Como si la realidad no fuera más compleja y más diversa.
Me despiertan los domingos algunos sonidos que no sé si articulan la realidad de las venas de esta ciudad o simplemente son ecos de alguna verdad muy a trasmano y alejada. Son cosas tan sencillas como las campanadas de una iglesia o los sonidos de algún coche que conmina a acercarse para animar al “equipo que representa la ciudad”. (¿Qué será eso de representar a la ciudad?). Lo demás son los coches que poco a poco van desperezando las calles y las van llenando de ruidos y sonidos, de algún claxon nervioso, de los que un poco más pronto que tarde se ven con la mochila al hombro, camino de la luz y de la naturaleza, de los que, ya mediada la mañana, van saliendo a la calle, poblando las aceras, levantando el rumor de sus palabras, y dando fe de que la vida sigue.
Hay una cantidad de ciudadanos que apenas si perciben la mañana pues sus ojos no visitan la luz, sencillamente duermen, esperan otra luz, la de la tarde. Para esos no hay mañana, ni luz, ni sonidos de campanas que llaman a los fieles -¿a qué fieles y a qué horas?-. Son sus ruidos las venas de la noche, sus palabras la luz de las bombillas y sus ansias las fieles compañías. Roban tiempo a la tarde y la mañana para dárselo al sueño. Ellos sabrán lo que hacen. Reconozco que los entiendo poco, que no comprendo apenas los horarios cruzados de esas gentes. Pero son sus horarios, los respeto, tan solamente eso.
Y hay otro buen montón de convecinos -los siento más cercanos- que despiertan pegados a sus preocupaciones, al enfermo que sufre, al que se enfada, a aquel vecino extraño que no entiende el valor de la buena fe y de la buena voluntad y todo lo interpreta desde sus ojos chatos y pequeños, al que sueña pensando cómo llenar el día con algo más de amor y de cariño, al que mira y no halla valor ni sentido a sus acciones, al que sencillamente se deja llevar y no hace caso de nada ni de nadie, al que despotrica contra todo lo visible y lo invisible, al que sencillamente titubea y da un paso hacia atrás y dos hacia adelante, al que cree y descree, al que se altera y al que no siente nada y se halla en el país de la ataraxia, al que ama a raudales y odia con la misma intensidad, al que alza la vista y no ve lo esperado, al que quiere quitarla y no hay manera porque la realidad lo aplasta, al que… Cualquier ciudad estrecha se hace grande, diversa, variada, inabarcable, inmensa, desdibujada en muchos sentimientos. Y todos a la vez, todos mostrando el ritmo inacabable de la vida. También la del domingo.
Hay mucha vena suelta que conduce al mismo corazón, son muchos los latidos, los ruidos, los sonidos, los ecos, los silencios de esta ciudad estrecha y encogida también en un domingo. Incluso en un día gris como el de hoy, que invita a recogerse en la terraza y a mirar cómo late, dormita y se despierta esta ciudad de Béjar donde habito. Cualquier otra ciudad es semejante, es lo que pasa, como cualquier persona, como yo mismo, sin ir más lejos.
Antonio Gutiérrez Turrión
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- Los pueblos son lo que de
hace 7 horas 28 mins - Menos cachondeo!!!!! No les
hace 8 horas 13 mins - Bueno pues yo creo que
hace 8 horas 17 mins - No intentes confundir al
hace 8 horas 53 mins - Sì, hombre. Parece mentira
hace 9 horas 7 segs - Mejor serà que los
hace 9 horas 33 mins - Seguro que si gobernase
hace 9 horas 37 mins - LOs espacios,,los
hace 10 horas 17 mins - Pero tenemos un hospital?
hace 10 horas 24 mins - En un antiguo reloj
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