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Lo que queda del mapa. Capítulo 17: Hoya Moros en los Montes de León
Ahora que L ha estrenado, literalmente, nuevas alas, puedo rememorar, sacudiéndome esa andrajosa nostalgia que me atenaza de cuando en cuando, las subidas a Hoya Moros en los años mozos, cuando casi todo era inocente, empezando por la propia sierra. Y no digamos nosotros.
Subíamos a tumba abierta, si se me permite esta antítesis, ya fuera partiendo de Candelario a las dos del mediodía, monte arriba como si tal cosa, cargados como mulos e incluyendo en el equipaje una generosa ración de huevos metidos en latas de colacao que, indefectiblemente, no pasaban del Travieso, ya fuera por Puentenueva y la Dehesa, en plena noche, buscando las Hoyas, con un impoluto tapete de franela verde para las partidas de mus colgado de la mochila.
Subíamos a Hoya Moros en busca de libertad, ahora lo sé, y fundábamos, sobre aquella tierra virginal, siempre nueva, una república de iguales. Nunca hubo jefe ni organización alguna, ni siquiera lista de tareas, a lo más que llegábamos era a confeccionar una relación tentativa de comidas de la que deducíamos, sobre la marcha, la compra de vituallas a realizar en el economato de San Juan, la tarde anterior a la partida.
Obligaciones cero, salvo la sacrosanta marcha, al atardecer, en busca de escobas secas para el fuego que, por la noche, alimentaba nuestros sueños. Y allí era donde se producían las únicas disputas, que versaban sobre el número de estrellas que cada uno era capaz de contar o la profundidad del firmamento o el por qué de todo eso, el momento en el que L añadía los ovnis a su particular recuento esperando que algún día acabaran aterrizando por allí.
Estas fotografías no son de Hoya Moros sino de los montes de Babia, en la cordillera Cantábrica, al norte de León, al sur de la Reserva Nacional de Somiedo. Se trata de la subida a la Laguna de las Verdes, partiendo de un pueblito llamado Torre de Babia, no lejos de Villablino. Es una excursión preciosa de unas seis horas de duración, en la que la meta, por así decirlo, es una laguna verde
llamada con ese nombre por el color que presenta debido a la colonización por juncos que se está produciendo en el agua a causa del aterramiento. Pero el circo glacial es similar al de Hoya Moros, ahí tenéis las rocas verticales donde anida el buitre, ahí los derrubios de ladera, los bolos de piedra rodando hacia el valle, el tapiz continuo de prados olorosos, los meandros del río que comienza su viaje hacia la nada.
Ninguna montaña es igual y, sin embargo, nunca hemos dejado de andar por la misma sierra, por Hoya Moros, nuestra tierra prometida, nuestro santo grial.
| Imagen | Nombre | Precio | Añadir al carro |
|---|---|---|---|
![]() | Casino Obrero 1881-2006 | 20.00€ | |
![]() | Ruta de los Castros Vettones de Avila y su entorno | 22.00€ |


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