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Tomás Diago, Fundador de Softonic, el portal más usado en descargas de SW de Europa
Tomás DiagoPor LLuis Amiguet. La Vanguardia
“Mi madre aún me da la vara para que acabe la carrera”
Tengo 35 años. Nací y vivo en Barcelona. Casado, dos hijos. Tal vez Dios existe, pero es como si no existiera. La industria del conocimiento no requiere gran inversión: el talento es toda su maquinaria, pero hay que cuidarlo, por eso en mi empresa hay futbolín y sala de masaje
“No soy un macho alfa”, me suelta Tomás cuando hablamos de cómo dirigir su empresa, que ya pasa de 170 empleados, y la verdad es que su aspecto tímido de empollón –yo le copiaría en todos los exámenes– apoya su desmentido. Sin embargo, su pragmático y despiadado análisis de la creación de valor en la economía del conocimiento –y lo poco que nos va a quedar a algunos– me convence de que no me gustaría tener que negociar con él: va al céntimo. Le faltan tres asignaturas para acabar la ingeniería superior: “Si esto no funcionara, supongo –y me temo que ironiza– que encontraría alguna otra cosa”; pero su madre aún le regaña al verlo: “Hijo: ¡que tienes que acabar la carrera!”.
Mi padre era maître de restaurante y yo iba al instituto Josep Pla del Turó de la Peira...
Mi padre me insistía: “Tú lo que tienes que hacer es crear”... Y yo sin hacerle caso contestaba: “¡Pues vale!”.
Parece que ha hecho caso a su padre.
Murió cuando yo tenía 27 años, pero es ahora cuando más lo echo en falta para poder comentarle las cosas de la empresa. Pienso en él y entiendo por fin lo que quería decir con lo de “crear”: para los demás y para ti.
¿Cómo empezó, pues, a “crear”?
A los 14 años yo quería hacer algo muy grande por la humanidad: curar el cáncer o el alzheimer... Pero pronto me di cuenta de que era bueno en ciencias pero no brillante. Y además descubrí la informática.
Y la informática le descubrió a usted.
... Montamos un grupete de pirados por los ordenadores en el instituto y a los 15 años empezamos a programar. Yo iba a un par de librerías en ronda Universitat y compraba libros de programación en inglés –en español no había– y los comentábamos.
¡Vaya panda de empollones!
Lo que me atraía del software es que era el modo de conseguir que una misma máquina hiciera infinidad de cosas: las posibilidades eran –y aún son– inacabables.
Y veo que sigue en ello.
Después estudié Ingeniería Técnica de Informática de Gestión y empecé a trabajar en un servidor, así que, cuando llegué al proyecto final de carrera, me di cuenta de que no había ningún portal de descargas de programas en español...
Bien visto.
... y de que el nivel de inglés en este país era –y me temo que es– muy bajo...
... to our disgrace.
En principio, yo sólo pensaba en hacer algo que sirviera a la gente...
... y ahora tiene 175 empleados y oficinas en Tokio, Shanghai, San Francisco...
... y Madrid. Lo que pasó es que abrí parte del servicio a todo el mundo, pero como yo ya trabajaba en un servidor, daba así además mayor valor añadido a nuestros clientes.
Una parte gratis para cobrar en la otra.
... Si la descarga de un programa la hacías directamente desde el portal de su creador, salía gratis, pero si querías seguridad en la descarga, era mejor pagarnos a nosotros para descargarlo desde nuestro servidor.
¿Y empezaron a ganar dinero?
En el 2000 creamos la marca Softonic y en el 2002 ya teníamos beneficios.
¿Quién le prestó capital para empezar?
Esa es la gran ventaja de la industria del conocimiento: no hace falta una gran inversión para empezar, y por eso no estamos apalancados. No tenemos grandes deudas, porque no ha hecho falta una gran inversión para empezar a conseguir beneficios.
Y la deuda asfixia hoy a media España.
Es que el modelo económico español –ladrillo, turismo y banca, y todos endeudados– no tiene ningún futuro. Por eso creo que, pese a todo, Estados Unidos saldrá mejor y más rápido de esta crisis, porque la economía del conocimiento es allí decisiva.
La mejor fábrica es nuestra mente.
La industria del automóvil, en cambio, necesita enormes inversiones en máquinas, los bancos requieren ingentes cantidades de capital, como casi cualquier otro negocio, pero en la industria del conocimiento lo único importante es el talento: las personas.
Pero hay que invertir en ellas.
Lo hacemos: tenemos un excelente ambiente de trabajo con salas de relajación, futbolines y mucho buen rollo y un modelo de carrera que permite integrar a todos.
¿Y ha encontrado aquí todos esos profesionales con un buen inglés?
Somos el segundo portal de descargas de software del mundo y el primero de Europa: nuestro idioma más rentable es el español; el segundo, el alemán, y el tercero, el inglés. Después van: francés, italiano, portugués brasileño, chino, polaco y ahora el holandés y el japonés... Y cada portal tiene su equipo de nativos que hemos traído aquí.
¿No le tienta vender ya por un dineral?
Por ahora he preferido firmar un acuerdo de colaboración con Digital River, que cotiza en el Nasdaq, y un cruce accionarial.
¿Y después?
Queremos salir a bolsa aquí, en Londres o en Nueva York: ya veremos.
¿No le da miedo que le innoven otros y le dejen obsoleto su negocio?
Antes veremos otros grandes cambios de paradigma: las telecos, por ejemplo, tendrán que adaptarse a un mundo donde la conexión a internet será ubicua y con ella el uso del móvil gratuito. De hecho, ya es gratuito en parte con Skype en el iPhone.
Pero por ahora el Gobierno frena las wi-fi de internet municipales gratuitas.
Puedes frenar algún proceso por ahora, pero a la larga es imposible impedir que la innovación dé más poder al consumidor.
¿Y al ciudadano?
Si quisieran aplicarla, la tecnología permitiría una democracia más directa y eficaz.
¿Impedirán las descargas gratuitas?
Ya no está en manos de los gobiernos detenerlas: si las prohíben, se innovarán nuevas formas de burlar las prohibiciones.
¿Y de qué vivirán los autores?
Tal vez se pueda llegar a cobrar algo, pero poco. Parecido al paso de los 20 euros que costaba un CD a los 90 céntimos que cuesta bajarte una canción de iTunes.
| Imagen | Nombre | Precio | Añadir al carro |
|---|---|---|---|
![]() | Casino Obrero 1881-2006 | 20.00€ | |
![]() | Ruta de los Castros Vettones de Avila y su entorno | 22.00€ |


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